
Está el que empieza a zumbar. Como esos mosquitos que sentís a la distancia y de pronto se te vienen en picada al oído como cazabombarderos. Primero manda un mail neutral en el que quiere sonar casual y te pide el teléfono de ese carpintero que te había hecho la biblioteca y, a lo último, al pasar, después de contarte para qué quiere con tanta urgencia el carpintero y de preguntarte cómo te fue en ese viaje que ibas a hacer –un año y medio atrás, justo cuando él despareció- lanza un: si querés un día de estos nos juntamos a tomar un vino y nos actualizamos de nuestras vidas, ¿no?
(Inmediatamente hacés tus averiguaciones y te enterás que se peleó con su novia hace dos semanas. Claro).
Está el que hace su aparición de manera completamente inesperada e inoportuna. Vos, que siempre salís a la calle impecable –nunca en jogging y ojotas porque te gusta que los chicos del video te digan qué linda que estás y el pollero rocker te haga un escaneo para nada sutil-, y que sabés que el amor puede estar a la vuelta de la esquina, justo hoy saliste con el jean que te hace culo caído, la cara lavada y una remera regalada en alguna promoción de verano que dice Chevrolet en letras gigantes. Cuando lo ves, ya es tarde: ahí está ese adonis que figura en tu album de conquistas como un rayo –luminoso pero fugaz, tan fugaz-, recién bañado, perfumado, con la remera más linda del mundo y la sonrisa más linda del mundo.
-Hola
-Hola
-Tanto tiempo
-Sí, ¿no?
Respondés y te vas tapando con las bolsas de supermercado, mientras tratás de que enfoque no sé, en tu boca, que no necesita maquillaje para atraer, pero igual pensás justo hoy te tengo que encontrar que estoy hecha un escracho, y ves que él mueve los labios –¡divino!- y vos te acordás de las veces que fantaseaste con reencontrártelo, y esas veces te veías espléndida, no como hoy, maldición, y él que está así, irresistible, y encima te dice, claro, ¡que está sin novia!
(Cuando volvés a casa te contenés para no mandarle un mensaje de texto y por suerte es él quien lo hace primero: “fue lindo verte”. Listo, la puerta otra vez abierta).
O está el que no necesita ningún rodeo. Vos sabés por qué llama, él sabe por qué llama. Y ya está el código: ¿Estás con alguien? No necesariamente, nos estamos conociendo. ¿Estás contenta? Me gusta, sólo eso. ¿Cómo se llama? Chico licuado. Ah, bueno, me alegro. Llamame cualquier cosa.
(Y vos sabés que ese llamado se va a repetir cada mes –a veces cada dos- y eso te deja tranquila).

jajajaja, "conociendo a la mente femenina" deberia llamarse esta seccion de programa
ResponderEliminarun gusto y hasta luego