jueves, 20 de agosto de 2009

Imprescindible


Cuando algo se vuelve imprescindible

miren este tema! divino:

http://www.youtube.com/watch?v=Y7Emz1nPkyQ

Bueno voy a tratar de ser clara


Chico licuado, que ahora sabemos que se llama P., me pidió el éfono. Pero no se lo dí. Chico licuado me miró extrañado, con cara de "no me digas que sos una de esas histéricas".
Ya habíamos pasado por la etapa "te cuento las anécdotas más divertidas de mi repertorio", y por las confesiones íntimas del estilo "tengo un tatuaje de un duende en la espalda" "y yo el escudito de Atlanta en la pierna", buena excusa para mostrarlos y ver la piel del otro y hasta tocarla, así sin querer; ya nos habíamos acercado demasiado y comprobado que algo había ahí, que algo podía suceder. Pero yo, simplemente, probé cambiar las reglas: "Dame el tuyo". Chico licuado sonrió, divertido de que lo hubiera llevado a mi terreno. "No te preocupes -le aclaré- no hago asados ni cambio ruedas de autos".
(A veces es bueno no ser la que espera el ring, la que chequea cada dos minutos el celular, la que vacía la casilla de por miedo a que se hubiera llenado, la que le dice a una amiga "¿me mandás un mensaje para ver si me anda bien el teléfono?". Confieso que este chico me gusta y que el sobre de azúcar con su número me saluda desde la mesa de luz cada mañana pero ¿si lo hacemos esperar un poco?)

UNO. Veo un cartel gigante arriba de un edificio. Leo: “Volvamos al hombre a su lugar”. Es de Wrangler. Un chongazo de camisa leñadora, pelo en pecho, pectorales reforzados, mirada James Dean –pero sin tendencias suicidas, esa piel de photosohop exhala vitalidad- y entrepierna abultada me está queriendo decir algo. ¿Me está queriendo decir algo? Feminismos facilistas y machismos cavernarios aparte
de pronto me pregunto: ¿será que de tanto avanzar nosotras, ahora tenemos que mandarlos a rehabilitación para que recuperen su instinto de conquista?

DOS. Sí, claro, acá entra en juego chico licuado que a esta altura está pidiendo a gritos que le inyecte un shot de speed con semillas de iniciativa. No quiero ser cruel: el chico manda unos mails hermosos, de esos que van, vienen, sí, de esos que dicen a mí me encanta ver grandes estructuras por NatGeo a las tres de la mañana, y yo que respondo y a mí esos
realities como el del cantante de Poison que se coge una rubia distinta por noche con la excusa de que busca el verdadero amor (¡me indigna pero me hice adicta!) y él que me cuenta alguna anécdota de adolescencia, y todo así, alcoyana alcoyana, pero siempre con el mismo final: ¡Nada! Ni una sola línea que deslice un ¿nos vemos el viernes? ¿Qué hacés el sábado?

TRES. Decidí que voy a quedarme en el molde, como diría mi abuela, porque “el que te quiere te llama”, como dice mi tía. Y, además, al hombre hay que darle espacio para que avance, como diría la vecina. ¿Y todo por una publicidad de Wrangler que bien podría ser la insignia de los cow boys texanos fanáticos de la pena de muerte? Oh my god

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